Un subastero es una persona que centra su actividad personal o profesional en acudir a subastas de liquidación de bienes, tratando de aprovechar en beneficio propio una situación extraordinaria.
En principio, esto no tiene por qué ser ilícito, ni siquiera inmoral. Un médico es también una persona que se lucra en una situación de debilidad de su cliente, y un enterrador, lo mismo.
El problema viene cuando el subastero se prevale de su posición, sus contactos, suy conocimiento del mercado o métodos aún peores para conseguir que el piso o bien inmueble embargado y subastado se liquiden en un valor muy por denajo del valor real, lo que perjudica, e incluso arruina, al deudor, ya que el producto de lo que se saque en la subasta es para el dueño del bien subastado, aunque con ese monto tenga que pagar las deudas.
O sea, que si el piso se subasta en poco, sigues debiendo mucho al banco (y te lo cobrarán más adelante), y si se subasta en mucho, puede que liquides la deuda e incluso libres algún milloncejo para seguir tirando.
No obstante, fuera de la leyenda negra de los subasteros y sus viejas colusiones y acuerdos abusivos para monopolizar el mercado, la sociedad de la información ha abierto mucho las subastas, haciendo más difíciles, o casi imposibles, estas antiguas prácticas acaparadoras o intimidatorias.
Hoy en día casi cualquier persona puede acudir a una subasta, y las hay incluso por internet. De hecho, si no os importa tratar de sacar tajada de lo que le han embargado a otro, a veces es una buena opción para encontrar un inmueble a buen precio.
Porque con la nueva ley, subasteros somos todos si queremos: basta con depositar la fianza, informarnos de las característcas del bien y pujar como uno más, o uno menos.
Allá cada cual.